Oído al pasar II

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En la esquina de Colón y Drago:
-¿Cuánto me cobrás para lavarme el auto?
-Y, lo que puedas, diez pesitos.
-Bueno, enjaboname bien los vidrios que me voy a curtir una mina adentro.
-¡Cómo no, muchachito!

* * *

-¿Sabés qué esta bueno? Que te la chupen con una pastilla de menta o un chicle.
-No, chicle no. Yo tuve uno pegado dos días en los pendejos.
-Sacatelo con hielo.

* * *

"Negros de mierrrda..."

* * *

-Tac, tac, tac, tac...
-Me enamora el sonidos de tus tacos.
-¡Forro!

* * *

"Una monedita para que Dios lo bendiga. Una monedita le estoy pidiendo."

En cuatro palabras

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Comodidad envejece mi fastidio.


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Antipatía por lo establecido.


* * *


Alboroto de los apacibles.

Practicando arqueología en un armario con cajones viejos I

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Revolviendo, escarbando y desenterrando papeles viejos encontré estos cadáveres (en realidad amputaciones verbales hechas en conjunto con el azar):

      La aventura criolla pega en la cara inexistente.

El plástico antigás tuvo su primera mujer.

El problema hogareño demuestra la taza del éxito.

La reunión estaba entrada en años.

La cosa se convence de su liderazgo marrón.

El 51 nacional premia al recluso.

La fortuna de la familia continua con sus especias que se venden de nuevo.

Y los tiempos utilizan contenedores de 10.000 años.

El fabricante de olas es parte del Club del Clan.



Según las primeras pericias, datarían de entre 11 a 13 años atrás. Hay más restos en perfecto estado de conservación.

Todos tenemos un exquisito muerto en el ropero.

La bambula y la abstinecia

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–Y sí, era mi compañero de boliche. Lo que pasa es que, como yo dejé de tomar hace seis meses…–. Con ese chamullo lastimoso, el tipo se quiere levantar lo que hay: una petisa fea que tiene más en mente el precio del metro de bambula que ponerla.

– …por eso le perdí el tranco– sigue–. Como hace como cinco meses que no tomo.

–Aaaaahhh...

–¡Nada! –insiste–; mirá que tengo el boliche en frente.

–Menos mal. Ojalá él también hiciera lo mismo–. La bambula, $13,90 el metro.

–¿Y vos, para dónde vas?

–No, no, no... Yo voy para mi casa. Me está esperando mi marido.

–¡Ah! Tenés marido. ¿No va al boliche? Por ahí lo tengo visto.

–…

–…

–… Bueno. Chau.

–Igual, como hace como tres meses que no ando por ahí.