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Sin título

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  • ... sí, te creo...


  • ... se siente como casa...


  • ... cosas que elegimos hacer...

¡Keca, loor!

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Dio vuelta el viento y todos pudimos respirar un poco mejor.

Un soplo del sur enfrió el calor que emanaban el pavimento, las paredes y los cuerpos.

Los chicos recuperaban el humor y volvían a jugar.

El calor te tira, te adormece, te distancia de los demás y te agobia.




* * *



Enero fue un segundo adiós.

Un buen final para ese cuento al que nos habíamos acostrumbrado.

Rimas de la risa

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Revisando viejos archivos encontré estas Rimas de la risa que no recuerdo haber escrito. Ni siquiera sé si las escribí o sólo me gustaron y las copié:


Carentes de toda prisa van los muchachos riendo.
Alguno va maldiciendo los resabios de una risa
que el fuego fue consumiendo desde la tarde hasta estas horas.
En esta hoguera, señoras, el humo les va mintiendo.
Ya no arden las vanidades. Las culpas se queman solas.

Pero si el viento soplase como un feroz huracán,
ni el más pérfido bacán se quedaría tranquilo.
¿Han visto algún enemigo? No lo dejen levantar.
Se los digo como digo lo que me viene en mente.
Aunque les suene indecente, ya me van a perdonar.



Autor quizás desconocido. Sensación de familiaridad. Memoria quebradiza, tal vez.



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Quienes se interesaron en este posteo,
también leyeron Estallidos de alegría.

Tres de gitanos

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El viento bahiense arremolina varios billetes de 2 y 5 pesos por el piso, alrededor de un nene rubiecito que está sentado en la vereda del Bank Boston, llorando desconsolado, con una caja de zapatos en la mano y un manojo de galletitas hechas migas en el piso.

Llora a gritos y no se le entiende.

Lo rodean otros nenes iguales: rubiecitos, de ojos muy claros, penetrantes. La más grande de todos el raja algo que parece una puteada a otro.

Jalaiiijalajal –le grita y lo saca corriendo mientras le junta la plata que se vuela al que llora desconsolado.

Se me ocurre que son gitanos.

Casi todos miran, miramos la escena. La dama se agarra la cartera y el caballero vigilantea sus bolsillos. Se evita el contacto y la escena pasa. La ciudad es muy grande y tiene temas más importantes que atender.

El estigma gitano me pega y prefiero seguir caminando.


* * *


Mi vieja contó alguna vez que un gitano rubio y de ojos muy claros la maldijo en 1982 y le preanunció la muerte de mi viejo.


* * *


Es octubre de 1976 y María, británica de Gibraltar y gitana, conocerá en Londres a un cabo de la Marina argentina que no va a quedarse más de dos años en una base inglesa.

Cuando le toque regresar, ella se volverá con él, se casarán y tendrán hijos, perdices y electrodomésticos.

Pero las perdices se cocerán amargas y la casa llena de artefactos no va a alcanzar para disimular un rincón vacío que le quedará el día que deje Inglaterra, Gibraltar y una ristra de hijos de otro matrimonio que ya fracasó.

Hijos que el padre no le permitirá ver hasta que se vuelva muy viejo y los hijos se vuelvan padres. Ella seguirá joven, porque cuando los parió era mucho más joven.

Por facilidad o desconocimiento, acá le van a decir la gallega, aunque su lengua disparará puteadas andaluzas.

Villa blorgeana

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Agosto sos una fuente

el viento
el halo alrededor de la luna
el aire sazonado de polvillo
el polen que vendrá
y la histamínica obsesión por lo nocturno

Te debía estas palabras

* * *

Villa Mitre tiene algo

la fuente
la plaza alrededor
ese puñado de cuadras
el aire infectado de bohemia
una muralla invisible
y esa arcada, apuesto que es un portal espacio-temporal

Si fuera bahiense, hoy querría ser de ahí

Estallidos de alegría

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Hay una jaula con dos cotorras en una pared de la cocina. El objetivo de hacer que se reproduzcan para vender sus crías no se va a cumplir: nos vendieron dos machos o dos hembras. Negadas a experimentar con su sexualidad, permanecen inmóviles, como todos los días. Vida triste la de las cotorras.

* * *

Suena un rocanrol y dudamos.

—¿Quién es? ¿Lennon?
—No, ni ahí. Bah, se parece... la voz. Pero no.
—Si, si. Escuchá.
—Te digo que no. Conozco todos los discos de Lennon solista —mentira, pienso.
—Mentira.
—Mirá ¡mirá! ¡¡miráaa!!
—¡Noooooooooooooooooooooooooo! —gritamos al mismo tiempo.

A esta altura de la película ya no sabemos si es el señor Verde, Rosa o Azul quien saca una navaja y le rebana la oreja a un cana.

Primero quedamos aturdidos por la sordidez de la escena. Y después de masticar un rato largo esa imagen, la risa surge como un estallido.

* * *

—¿Qué les pasa a tus cotorras?
—No son mías, son de mi vieja.
—¿Qué les pasa?
—¿Por?
—...
—N...

Me paro y voy a verlas. Una, inmóvil, como siempre; la de al lado se aleja cuatro pasos al costado. Pasos de cotorra.

—Son del mismo sexo —explico, como si fuera una razón científica.
—Son medio caretas —dice, al tiempo que le echa una bocanada de humo a la inmóvil.

Entre que la cotorra se infló como un globo a punto de explotar y hasta que estalló la risa, pasaron cinco segundos que parecieron una eternidad.

* * *

El tiempo, a cuentagotas.
La heladera, vaciándose.
La cotorra, tratando de comprender.
Las gargantas, secas.
El mate, casi listo.
La guía de teléfonos, deshojada.
Las gargantas, ásperas.
La música, en vaivenes.
La risa, en alerta.
La paranoia, en plan de emboscada.

Belleza sudamericana

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Una bolsa revolotea en el aire.
Un pájaro solo no sabe a donde ir.
Una polvareda me hace estornudar.
Un remisero no para de engordar.
Una botella de plástico galopa en clave de malambo.
Una ráfaga me desvía un escupitajo.
Siempre el viento, torciendo mi voluntad.




"¿Querés ver la cosa más bella que alguna vez filmé?"

Otro sin título

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Es agosto. Conozco esas nubes, el lucero vespertino, el frío tímido envuelto en viento norte... y la luna menguante, creciente o rechoncha, pero siempre difusa.

Es agosto. Lo sé por el olor a hojas de paraíso secas. También, porque en las madrugadas siguen rondando los pensamientos de la noche anterior.

Estalla y…

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Se cómo eres, no lo pienses más
Tiempos de amor sin estación, estalla y vuelve a empezar
Sin dirección se hundió en su amor y está tratando de llorar
Sé que hiciste mal

Estalla y vuelve a empezar

Pablo (Viento Azul)