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Meteme en tu baile

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Para mí, Sasha Waltz es una artista plástica. Y su materia prima es el cuerpo humano real, móvil en el espacio tridimensional.




En realidad es bailarina, coreógrafa y directora de su propia compañía de danza en Berlín. Pero a sus obras las comparo con pinturas vivientes. Existencialistas, claro.





Aprecié qué es una obra plástica recién cuando descubrí a Kandinsky:



Fue la primera vez que me metí en el cuadro.

Y eso te permite Sasha Waltz, meterte en su cuadro.





Acá hay un video de la obra Insideout, de Sasha Waltz.

Algo pendiente

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Principio de los 90. Abulia. Aburrimiento. Mucho The Beatles y Led Zeppelin. El tiempo no pasaba cuando me lo pasaba leyendo
El Péndulo.

Luna grande

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Aleph mapuche

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Este observador intentaba comprender qué significaba la ceremonia que se desarrollaba frente a él. Una veintena de mapuches y el doble de curiosos del mundo blanco (wingka, en lengua mapudungun) rodearon una fogata que ardía desde temprano.

¿De qué se trataba ese rito ancestral? Para que lo entiendas, era una fiesta de año nuevo. Pero no como la conoce la Argentina occidentalizada. Era la ceremonia que marca el fin de un ciclo y el inicio de uno nuevo, cuando se produce la noche más larga y “el sol empieza a caminar a tranco de pollo”.

No era un rito extraño, no había misticismo a lo Hollywood, ni sacrificios, ni ofrendas, ni alabanzas. Cuando todo terminó, este observador se enteró de qué estaba pasando. Los mapuches le devolvían a la tierra lo que ella les había regalado: la medicina, el agua y otros legados vitales.

Pero en ese momento este observador estaba apestado por el humo de esos tres troncos incandescentes en el centro de la rueda de gente.

El humo, terrible e implacable, estaba en todos lados. Hasta que el humo dejó de importar, hasta que la mirada de quien observaba con pretensiones periodísticas miró al cielo. Miró y vio.

Este observador tuvo lo que creyó que fue un chispazo de entendimiento, un atisbo de comprensión de lo que estaba pasando en torno a esos troncos malolientes.

Arriba, un cielo que no se veía se convirtió en universo azul, estelar, cósmico y descubrió la Cruz del Sur colgándole sobre la cabeza como una espada. Abajo, la fogata se hizo sol y la rueda de gente, órbita.

Como en un aleph mapuche, todo cobró un efímero sentido. Todo cerró, como en un círculo perfecto. Este observador creyó comprender, aunque luego se dio cuenta de que fue solo un chispazo en la noche.

Luego dejó de observar y quiso participar. Le devolvió a la tierra un puñado de hierbas, se abrazó con otros observadores y con los mapuches que tenía a su lado, los miró a los ojos y escuchó deseos en mapudungun, esa lengua extraña y gritó algo que no recuerda.

Después, el aroma a carne sobre el fuego lo narcotizó. No, no era un sacrificio pagano, era un regio asado como para sesenta. Con chorizos y todo.


Narcótico, revelador y terreno aroma.

Algunos meses tienen su onda
o el post de Moonwatcher

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Voy a hacer un calendario emocional. Cada mes tendrá su onda, su energía y sus propósitos.

Cada treintena de días tiene sus efectos sobre mi. Me doy cuenta desde la mitad de mi vida, desde que empecé a mirar las estrellas, desde que me atreví a editar a Arthur Clarke* y adaptar a Moon Watcher a mis fantasías de niño, desde que emprendí el Fin de la eternidad.

* A propósito Arturo ¿dónde está la odisea que prometiste?