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La cena de los muertos

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(La lista numerada de invitados “especiales” está al pie del texto.)


La mesa ya servida y yo sin conocer a nadie.

Están el Narigón del siglo, el Gato carnicero (de profesión), el Bonete, un cana con ojeras, el otro Narigón (1), Bulla (2), Cóndor (3) y el Paya (4). Después entran el viejo Tito, el viejo Pedro (5) y el Dani Domínguez (6).

Creo que a la festichola también llegan el fraticida, el pibe de la gestoría y otra gente.

Todos se acomodan detrás de mí para la fotografía, acartonados como las figuras de la tapa del Sargento Pimienta.

¡Plaf! El flash blanco.

Es una foto mental, onírica, un vaho de imágenes paridas entre el estado alfa y el insomnio. Nada tiene que ver con nada. Ni con la realidad.

La ficción cobra credibilidad cuando el Narigón del siglo hace el ademán ese de señalar con las cejas al banquete que espera.

El menú es volátil y escaso, pero el hambre no va a aparecer esta noche.

Los de los apodos más obvios son los primeros en degustar. Es un ritual y hay respeto. Nariguetean con estilo, sin lamerse la dentadura.




Todo lo anterior es el sueño premonitorio de lo que va a pasar esa noche...




1. Lo mataron en la cárcel.
2. Lo mató el sida.
3. Se inyectó hasta mayonesa en las venas, pero murió de sida.
4. Muerto que camina. No sé qué número es, sino lo jugaba.
5. No recuerdo si está muerto. Mientras escribo su nombre, una puerta berrea y se abre un poco. No hay viento.
6. Víctima de un crimen pasional.

Meteme en tu baile

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Para mí, Sasha Waltz es una artista plástica. Y su materia prima es el cuerpo humano real, móvil en el espacio tridimensional.




En realidad es bailarina, coreógrafa y directora de su propia compañía de danza en Berlín. Pero a sus obras las comparo con pinturas vivientes. Existencialistas, claro.





Aprecié qué es una obra plástica recién cuando descubrí a Kandinsky:



Fue la primera vez que me metí en el cuadro.

Y eso te permite Sasha Waltz, meterte en su cuadro.





Acá hay un video de la obra Insideout, de Sasha Waltz.

Tres de gitanos

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El viento bahiense arremolina varios billetes de 2 y 5 pesos por el piso, alrededor de un nene rubiecito que está sentado en la vereda del Bank Boston, llorando desconsolado, con una caja de zapatos en la mano y un manojo de galletitas hechas migas en el piso.

Llora a gritos y no se le entiende.

Lo rodean otros nenes iguales: rubiecitos, de ojos muy claros, penetrantes. La más grande de todos el raja algo que parece una puteada a otro.

Jalaiiijalajal –le grita y lo saca corriendo mientras le junta la plata que se vuela al que llora desconsolado.

Se me ocurre que son gitanos.

Casi todos miran, miramos la escena. La dama se agarra la cartera y el caballero vigilantea sus bolsillos. Se evita el contacto y la escena pasa. La ciudad es muy grande y tiene temas más importantes que atender.

El estigma gitano me pega y prefiero seguir caminando.


* * *


Mi vieja contó alguna vez que un gitano rubio y de ojos muy claros la maldijo en 1982 y le preanunció la muerte de mi viejo.


* * *


Es octubre de 1976 y María, británica de Gibraltar y gitana, conocerá en Londres a un cabo de la Marina argentina que no va a quedarse más de dos años en una base inglesa.

Cuando le toque regresar, ella se volverá con él, se casarán y tendrán hijos, perdices y electrodomésticos.

Pero las perdices se cocerán amargas y la casa llena de artefactos no va a alcanzar para disimular un rincón vacío que le quedará el día que deje Inglaterra, Gibraltar y una ristra de hijos de otro matrimonio que ya fracasó.

Hijos que el padre no le permitirá ver hasta que se vuelva muy viejo y los hijos se vuelvan padres. Ella seguirá joven, porque cuando los parió era mucho más joven.

Por facilidad o desconocimiento, acá le van a decir la gallega, aunque su lengua disparará puteadas andaluzas.

Practicando arqueología en un armario con cajones viejos III

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En 1984, Charly García encarnó a las "Chicas muertas" de la tele. Intocables, imposibles de amar y entender, las hizo canción, en el disco Terapia intensiva de ese año.

Y hablando de occisas: el último cadáver inspirado en su música.


      Antes de partir ves el 6 de abril como es el papel en la pared.

Yo nací en un surubí, frotándote las piernas.

Las chicas muertas vuelas por las estrellas contra el suelo.

El perdido puede subir a su corazón ciego.

El whisky se pregunta si tiene plata en el bolsillo.

Los que viven en el pasado buscan la soledad verde.

Estas absurdas experiencias les darían algunos enfrentamientos frecuentes.

El equipo exótico ofrecía más viajes a su casa.

La nariz feliz se escapó como si fuera un bebé.


"... te diré los versos de un gordo chancho..."

Practicando arqueología en un armario con cajones viejos II

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Más cadáveres exquisitos encontrados como los de este posteo anterior. Fueron hechos pescando frases y/o palabras de canciones de Peperina, de Seru Giran.


    Los anteojos no me escuchan tranquilo.

La playa tiene sólo una chica tonta.

El baile planeta oscurece la máquina del paraíso.

La piel inocente nació para probar las manzanas.

El escenario millonario cae sobre la luna de una chica pueblerina.

El subterráneo romántico entonaba los oídos del campo.

El tiempo va cambiando, mirando los ojos del más allá.

El tiempo llevará ilusiones, simulando lo viejo que está.

La canción no quiere conocer a nadie.

La vereda mira la fiesta desde el mar de monedas.

El viento despide ese tiempo perdido.

Los barcos perdidos saborean el café con leche.

Practicando arqueología en un armario con cajones viejos I

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Revolviendo, escarbando y desenterrando papeles viejos encontré estos cadáveres (en realidad amputaciones verbales hechas en conjunto con el azar):

      La aventura criolla pega en la cara inexistente.

El plástico antigás tuvo su primera mujer.

El problema hogareño demuestra la taza del éxito.

La reunión estaba entrada en años.

La cosa se convence de su liderazgo marrón.

El 51 nacional premia al recluso.

La fortuna de la familia continua con sus especias que se venden de nuevo.

Y los tiempos utilizan contenedores de 10.000 años.

El fabricante de olas es parte del Club del Clan.



Según las primeras pericias, datarían de entre 11 a 13 años atrás. Hay más restos en perfecto estado de conservación.

Todos tenemos un exquisito muerto en el ropero.

Sanca

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No tenía laburo y debía todo el puñado de monedas que tenía en el bolsillo. No era que la estaba pasando mal, pero el trabajo –dicen– dignifica.

No sé qué hacía en la esquina de Chiclana y Donado cuando se acercó Gustavo, un rusito que llevaba su actitud de callejero adulto en un cuerpo de 11 años.

–¿Querés una estampita? –tenía un toco, algunas se repetían. Me las mostró como si fuéramos a cambiar figuritas.

–No tengo plata –le dije y seguí en la mía.

–¡Dale! Una moneda –me prepeó–. ¿No tenés laburo? Bue, tomá, para que consigas.

Me regaló la estampita de San Cayetano, el santo católico del pan y del trabajo.

Y al tiempo conseguí laburo. Se lo atribuí a la estampita. Flasheé que Gustavo era una extraña reencarnación. Guardé la imagen como un amuleto en mi billetera.

* * *

Hago fila para cargar gas en la estación de Parchappe. Un flaco me hace señas. Vende estampitas y rosarios. Me hago el distraído, pero insiste. Le hago la seña del no con la cabeza.

Pasan dos pibitos sucios. Uno salta y el otro hace cuatro jueguitos con el chicle que acaba de escupir. Uno se ríe. El otro pide monedas a una vieja.

Avanzo en la fila y pasa el vendedor de rosarios. Ahora le compro una, la de San Cayetano.

Pura cábala.

* * *

Mi vieja siempre le prendió velas a San Cayetano. «Para que les traiga trabajo», nos explicó varias veces.

Pero, por las dudas, también hizo lobby con otras confesiones: le puso monedas a un mini buda de plástico dorado, le enroscó un billete de dos p en la trompa a un elefante celeste, colgó monedas chinas con un hueco cuadrado en el centro, enterró cosas en las macetas y, en un arrebato new age, le puso todas las fichas a una pirámide cuadrangular transparente.

Nunca sobró nada y nunca nos faltó. Aguante esa multi-fe.

I-ching

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No escapar a la realidad. Madurez, sensibilidad y honestidad.
Aprender a vincularse. Movimiento y jovialidad son un don.
Dejarse transformar. Creatividad, confusión y sorpresa.
Ir no es venir.
Ahora.