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Estoy redondo

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No de pan. No de asados. Es que me vienen a la mente frases ricoteras de la nada:

"Mi único héroe"

"Violencia es mentir"

"Una tontera de punto G"

"Ella es tan linda"

"Boluditos de la luna"

"Camisa apretada, pezón radioactivo"

"Lo que debes, ¿cómo puedes quedártelo?"




Bang, bang...

Sin título

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  • ... sí, te creo...


  • ... se siente como casa...


  • ... cosas que elegimos hacer...

Música para escapar

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Típicamente pueblerina


Por estos días no encuentro mejor cosa que escuchar alguna melodía predecible de Tom Petty, justo cuando me cae Compañero de ruta, su último disco de estudio.

Las letras también pueden parecer previsibles: carretera, mandarse a mudar, asuntos pendientes, el pago chico...

Lo escucho mientras ando y desando mi ruta: ese continuo entre mi salida y mi llegada, la de mi pueblo chico, la que me vuela la mente mientras mi resto conduce.

Y le cambio el sentido a las canciones para que se parezcan a mi viaje. O sale una nueva, una amalgama de frases inconexas, conectadas:


Ciudades que duermen. No creo todo lo que veo.

Este pueblo viejo es un asunto triste; te ata las manos y te carga el trago. Menos mal que no estás. El vago de Jim se llevó una botella y trató de hacerle dedo a un tren. Dejó una nota que no puedo entender.

* * *

Juro que vi tu cara en una sombra de la luna, mientras le peleaba al sueño con las ventanas bajas.

* * *

Escondí mis huellas y me tomó mucho tiempo volver. Estoy de vuelta en el primer casillero. Al sur, otra vez al sur, donde me acosté tarde, me crié y perseguí un fantasma. Así que si llego hasta tu puerta, dejame dormir en el piso de tu casa.

* * *

Estás coqueteando con el tiempo y el tiempo te está alcanzando.

No podés vender tu alma por un poco de tranquilidad.

Estatuas del pasado me redimen de mis pecados.

* * *

Siempre tuve más perros que huesos.

Victoria oscura: ganaste y perdiste.

Podés mirar para atrás, pero no te quedes mirando.Si no corrés te oxidás.






Un Petty neto (galería de fotos en Flickr)

Villa blorgeana

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Agosto sos una fuente

el viento
el halo alrededor de la luna
el aire sazonado de polvillo
el polen que vendrá
y la histamínica obsesión por lo nocturno

Te debía estas palabras

* * *

Villa Mitre tiene algo

la fuente
la plaza alrededor
ese puñado de cuadras
el aire infectado de bohemia
una muralla invisible
y esa arcada, apuesto que es un portal espacio-temporal

Si fuera bahiense, hoy querría ser de ahí

Luna grande

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Aleph mapuche

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Este observador intentaba comprender qué significaba la ceremonia que se desarrollaba frente a él. Una veintena de mapuches y el doble de curiosos del mundo blanco (wingka, en lengua mapudungun) rodearon una fogata que ardía desde temprano.

¿De qué se trataba ese rito ancestral? Para que lo entiendas, era una fiesta de año nuevo. Pero no como la conoce la Argentina occidentalizada. Era la ceremonia que marca el fin de un ciclo y el inicio de uno nuevo, cuando se produce la noche más larga y “el sol empieza a caminar a tranco de pollo”.

No era un rito extraño, no había misticismo a lo Hollywood, ni sacrificios, ni ofrendas, ni alabanzas. Cuando todo terminó, este observador se enteró de qué estaba pasando. Los mapuches le devolvían a la tierra lo que ella les había regalado: la medicina, el agua y otros legados vitales.

Pero en ese momento este observador estaba apestado por el humo de esos tres troncos incandescentes en el centro de la rueda de gente.

El humo, terrible e implacable, estaba en todos lados. Hasta que el humo dejó de importar, hasta que la mirada de quien observaba con pretensiones periodísticas miró al cielo. Miró y vio.

Este observador tuvo lo que creyó que fue un chispazo de entendimiento, un atisbo de comprensión de lo que estaba pasando en torno a esos troncos malolientes.

Arriba, un cielo que no se veía se convirtió en universo azul, estelar, cósmico y descubrió la Cruz del Sur colgándole sobre la cabeza como una espada. Abajo, la fogata se hizo sol y la rueda de gente, órbita.

Como en un aleph mapuche, todo cobró un efímero sentido. Todo cerró, como en un círculo perfecto. Este observador creyó comprender, aunque luego se dio cuenta de que fue solo un chispazo en la noche.

Luego dejó de observar y quiso participar. Le devolvió a la tierra un puñado de hierbas, se abrazó con otros observadores y con los mapuches que tenía a su lado, los miró a los ojos y escuchó deseos en mapudungun, esa lengua extraña y gritó algo que no recuerda.

Después, el aroma a carne sobre el fuego lo narcotizó. No, no era un sacrificio pagano, era un regio asado como para sesenta. Con chorizos y todo.


Narcótico, revelador y terreno aroma.

Siempre tan lejos

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"."

Algunos meses tienen su onda
o el post de Moonwatcher

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Voy a hacer un calendario emocional. Cada mes tendrá su onda, su energía y sus propósitos.

Cada treintena de días tiene sus efectos sobre mi. Me doy cuenta desde la mitad de mi vida, desde que empecé a mirar las estrellas, desde que me atreví a editar a Arthur Clarke* y adaptar a Moon Watcher a mis fantasías de niño, desde que emprendí el Fin de la eternidad.

* A propósito Arturo ¿dónde está la odisea que prometiste?

La luna chorrea una ventisca transparente, histamínica polvareda de inspiración

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Tengo, según dice, la luna en oposición. Me recomiendan que me maneje con cautela, que no busque peleas con mi entorno (me piden algo, a veces, imposible para mí).

No creo en mi destino astrológico. Es pura superstición.

Mi relación con la luna, con esa redonda y amarilla, marmolada y fría, cuarteada, menguada y difusa o casi transparente en las primeras horas del día, es totalmente amigable.

A pesar de todo, siempre estuvimos alineados. ¿Una relación simbiótica? Juré no maldecirla nunca, mientras me provea inspiración.

Otro sin título

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Es agosto. Conozco esas nubes, el lucero vespertino, el frío tímido envuelto en viento norte... y la luna menguante, creciente o rechoncha, pero siempre difusa.

Es agosto. Lo sé por el olor a hojas de paraíso secas. También, porque en las madrugadas siguen rondando los pensamientos de la noche anterior.