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¿Merezco ir preso por sexista?

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, se me escapó. Básicamente, le dije a una mujer policía que era una idiota. Me paró para pedirme la licencia de conducir y todo lo demás; le mostré cualquier cosa y me retó.

–Disculpá. Es que con este calor, tengo las dos neuronas derretidas– le contesté.
–Imagínese yo, que estoy acá parada desde hace tres horas– musitó con desprecio por la condición civil.
–¡Uh! Y encima con una sola neurona, ¿no?
–…

El lado oscuro de la catrera

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Un lado de la cama, tibio, apenas confortable.
El otro, oscuro, helado, desconocido.

De un lado, él, su soledad
y sus pensamientos proyectados en el techo.

En el lado oscuro, una presencia que opera
como un panóptico, llevándole el apunte a cada suspiro.

(Al menos eso quisiera él)

Un Yin y yang rectangular tajado al medio.

Uh, cantaron el Himno

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El Himno argentino retumba en las paredes de la parroquia María Auxiliadora de Punta Alta.

Es la primera vez que lo escucho dentro de una iglesia.

Suena distinto en Sudáfrica. Este ulula como un fantasma reverberante.

Insoportable.

Me asustaría, pero son sólo esos viejos patriotas, una sotana, las profesoras fósiles de mi escuela secundaria y un puñado de pibes obligados por las ganas de zafar de una materia.

La cena de los muertos

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(La lista numerada de invitados “especiales” está al pie del texto.)


La mesa ya servida y yo sin conocer a nadie.

Están el Narigón del siglo, el Gato carnicero (de profesión), el Bonete, un cana con ojeras, el otro Narigón (1), Bulla (2), Cóndor (3) y el Paya (4). Después entran el viejo Tito, el viejo Pedro (5) y el Dani Domínguez (6).

Creo que a la festichola también llegan el fraticida, el pibe de la gestoría y otra gente.

Todos se acomodan detrás de mí para la fotografía, acartonados como las figuras de la tapa del Sargento Pimienta.

¡Plaf! El flash blanco.

Es una foto mental, onírica, un vaho de imágenes paridas entre el estado alfa y el insomnio. Nada tiene que ver con nada. Ni con la realidad.

La ficción cobra credibilidad cuando el Narigón del siglo hace el ademán ese de señalar con las cejas al banquete que espera.

El menú es volátil y escaso, pero el hambre no va a aparecer esta noche.

Los de los apodos más obvios son los primeros en degustar. Es un ritual y hay respeto. Nariguetean con estilo, sin lamerse la dentadura.




Todo lo anterior es el sueño premonitorio de lo que va a pasar esa noche...




1. Lo mataron en la cárcel.
2. Lo mató el sida.
3. Se inyectó hasta mayonesa en las venas, pero murió de sida.
4. Muerto que camina. No sé qué número es, sino lo jugaba.
5. No recuerdo si está muerto. Mientras escribo su nombre, una puerta berrea y se abre un poco. No hay viento.
6. Víctima de un crimen pasional.

Rimas de la risa

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Revisando viejos archivos encontré estas Rimas de la risa que no recuerdo haber escrito. Ni siquiera sé si las escribí o sólo me gustaron y las copié:


Carentes de toda prisa van los muchachos riendo.
Alguno va maldiciendo los resabios de una risa
que el fuego fue consumiendo desde la tarde hasta estas horas.
En esta hoguera, señoras, el humo les va mintiendo.
Ya no arden las vanidades. Las culpas se queman solas.

Pero si el viento soplase como un feroz huracán,
ni el más pérfido bacán se quedaría tranquilo.
¿Han visto algún enemigo? No lo dejen levantar.
Se los digo como digo lo que me viene en mente.
Aunque les suene indecente, ya me van a perdonar.



Autor quizás desconocido. Sensación de familiaridad. Memoria quebradiza, tal vez.



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Quienes se interesaron en este posteo,
también leyeron Estallidos de alegría.

La bambula y la abstinecia

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–Y sí, era mi compañero de boliche. Lo que pasa es que, como yo dejé de tomar hace seis meses…–. Con ese chamullo lastimoso, el tipo se quiere levantar lo que hay: una petisa fea que tiene más en mente el precio del metro de bambula que ponerla.

– …por eso le perdí el tranco– sigue–. Como hace como cinco meses que no tomo.

–Aaaaahhh...

–¡Nada! –insiste–; mirá que tengo el boliche en frente.

–Menos mal. Ojalá él también hiciera lo mismo–. La bambula, $13,90 el metro.

–¿Y vos, para dónde vas?

–No, no, no... Yo voy para mi casa. Me está esperando mi marido.

–¡Ah! Tenés marido. ¿No va al boliche? Por ahí lo tengo visto.

–…

–…

–… Bueno. Chau.

–Igual, como hace como tres meses que no ando por ahí.

Putas y drogas

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M: –Me da miedo que mi hijo tenga una novia de Punta Alta.
Yo: –¿?
J: –¿De que sea puta y drogadicta?
Yo: –¿?

Recuerdo que para buscar putas y drogas había que viajar hasta Bahía, más precisamente hasta White. Pero lo pienso sin decirlo.

La ocurrencia me llega tarde para ser una respuesta ingeniosa.

¿Cómo se llama eso?

Algo pendiente

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Principio de los 90. Abulia. Aburrimiento. Mucho The Beatles y Led Zeppelin. El tiempo no pasaba cuando me lo pasaba leyendo
El Péndulo.

Serie 1991. Al fin se le vio la veta aristocrática

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La Piba (35) tiene madera de discutidora. Y me discute por mail.

Me escribe de socialismo, de consignas libertarias y de obreros alienados.

Yo le digo: —¡Basta! ¿Qué te pasa? Si vos no laburaste nunca con una pala.

La Piba tiene empuje y hasta se postuló a concejala en mi ciudad.

Su DNI dice que todavía vive allí aunque hace años que vive en otro lado.

—Ya cambié de domicilio varias veces —se excusa— y como la Junta no actualizó el padrón...

—¡Chanta, trucha!— le escribo.

Pero también quiere ser diputada provincial.

—Testimonial— la acuso.

—Lo tuyo es banal y no tiene rigor— me dispara.

—¿De qué hablás?

—De esas preguntas. Superficiales. Sin valor. Tinellizadas.

—Eh, anti popular. Al final, se te vio la veta aristocrática en el dedito índice levantado —le contesto.

—Naaa.

—¿Referente de la aristocracia obrera, tal vez?

Dejó de escribirme.

Escritos y dibujos encontrados

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Estaban perdidos. U olvidados. Próximamente.

Una frase del viejo

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Noches hubo en que me creí tan seguro de poder olvidarla que voluntariamente la recordaba.

Tarde

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Es tan tarde que hasta los más marginales están en plan de retirada. Algún que otro freak brinda los últimos resabios de su locura fulgurante.

Dice que es maestra rural, pero para mí que se acabaron las pastillas que tiene que tomar con rigurosidad.

Me pregunta de dónde soy y no sé qué decirle, no tengo ganas de hablarle, ya la veía venir, desarmada en el piso con una posición más o menos respetable, la mirada entre aquí y allá y la excusa de "¿no me convidás un pucho? Salí de mi casa, me recolgué y no traje los cigarros".

Si, te creo y todo.

-Tomá ¿Fuego tenés?

-Si, eso tengo-, aunque para mí, la llama ya se le acabó hace rato. Saca un encendedor que no podía prenderlo del temblor en la manos, le digo que me lo dé y se lo prendo. Mucha llama no tenía y prendo el mío con el suyo.

Y empieza su obligatorio interrogatorio, después de unas pitadas en silencio.

Chau. Que venga pronto el bondi.

Cigarrillo = descansillo

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Fumar es un placer, genial, sensual.
Fumando espero a la mujer que quiero [...]
Dame el humo de tu boca, ella me dice, que así me vuelvo loca.


Fumando espero (1922). Música: Juan Viladomat Masanas. Letra: Félix Garzo.



El Fumar Es Perjudicial Para La Salud Ley Nº 23.344.